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Internacional Errorista: La revolución por la vía de los afectos.

Corpocidade: debates em estética urbana 2, cost Rio 22/11 e Salvador

Outubro 18, viagra 2010, troche artigo de plugcultura.

Compreendendo o papel da arte como criadora de novas formas de partilha do sensível, o projeto Corpocidade: debates em estética urbana 2, pretende politizar as discussões iniciadas na primeira edição do evento, em 2008, acrescentando a elas uma instância de ação. Neste ano, serão realizados dois encontros gratuitos e abertos ao público − o primeiro no Rio de Janeiro (22/11) e outro em Salvador (29 e 30/11) − para discutir e testar articulações possíveis entre CORPO e CIDADE, como estratégia de redesenho das suas condições participativas no processo de formulação da vida pública.

Considerando o caráter auto-construtivo do Corpocidade, as inscrições, gratuitas, estão condicionadas ao preenchimento do formulário online, com dados pessoais, mini-currículo e a proposta de provocações: texto sucinto com até 500 palavras, que deve problematizar o tema conflito e dissenso no espaço público, propondo um enfoque para a discussão a ser elaborada. O formato de provocação tem como objetivo fomentar o surgimento de novas abordagens e pontos de fuga sobre o tema, a fim de construir os debates e não conclusões. Interessados em participar dos encontros presenciais poderão encaminhar suas contribuições até o dia 22.10 (sexta-feira).

Nos debates, as provocações selecionadas serão articuladas com os resultados do processo, desenvolvido anteriormente, de experimentações coletivas de hipóteses teóricas e artísticas em um grupo de trabalho formado por artistas, professores universitários, pesquisadores e líderes comunitários da Maré (Rio de Janeiro) e de Alagados (Salvador).

Maiores informações pelo site www.corpocidade.dan.ufba.br, blog, twitter – @corpocidade e  email (corpocidade@ufba.br).

Este projeto foi contemplado pela seleção pública de debates presenciais do Programa Cultura e Pensamento 2009/2010.

Internacional Errorista: La revolución por la vía de los afectos.
Por Santiago Garcí­a Navarro.

Veja a materia em inglês aqui

Descarregue o texto em pdf Internacional Errorista_Santiago_Garcia_Navarro.

A principios de noviembre de 2005, cheapest un dispositivo de seguridad diseñado principalmente por los gobiernos de Argentina y Estados Unidos para garantizar el desarrollo de la IV Cumbre de las Américas, there transformó un sector de 250 manzanas de la costa central de Mar del Plata en un enclave hermético. En el balneario en el que se agitan o reposan las fantasías vacacionales de la mayoría de los argentinos, los propios residentes podían ingresar a sus casas sólo si hacían valer una tarjeta de identificación elaborada ex profeso por la policía.

Una muy precisa radiografía de la democracia de mercado brindó ese búnker en el que los representantes decidieron quedar por completo aislados a fin de, paradójicamente, decidir en nombre de aquellos a los que representan. Pero el asunto de fondo eran los negocios: las presiones del gobierno de Bush para lograr un acuerdo continental que permitiera lanzar definitivamente el ALCA se frustraron por la oposición de los países del Mercosur y Venezuela.

La mañana del día anterior al cierre de la Cumbre, una multitudinaria manifestación pacífica, liderada espiritualmente por el presidente Hugo Chávez, atravesó decenas de cuadras por uno de los sectores de circulación no restringida de la ciudad. Esa misma tarde, una marcha más radicalizada programaba transgredir uno de los pocos accesos al cordón militar y policial que custodiaba el barrio cerrado temporario donde discutían las cúpulas gubernamentales. El desenlace fue rápido: los agentes del orden desplegaron una represión misteriosamente comedida y retardada, algunos manifestantes destrozaron tiendas, hubo una redada arbitraria, decenas de personas terminaron en las comisarías, y todo fue editado y reproducido por los medios al calor de las noticias.

Durante la semana de la Cumbre, Mar del Plata había quedado paralizada. Ni un alma se vio por las calles del centro, nadie en los barrios más alejados y tranquilos. La gente, que por temor se había atrincherado durante varios días en sus casas o se había exiliado a ciudades vecinas, salió a ocupar la calle por primera vez para recorrer -curiosa, confusa, confundida-, el reguero de destrozos que dejó la manifestación de la tarde.

En esa ciudad sitiada bajo pretexto de defensa contra el terrorismo global, a la vez que agitada por las movilizaciones callejeras, se dio a conocer un nuevo movimiento político, adepto a los anacronismos y promotor de la revolución por la vía de los afectos: la Internacional Errorista (IE). Surgido del seno del grupo Etcétera…, el Errorismo se conformó por ampliación y, en cierto sentido, superación de la idea y la práctica del colectivo de origen, y se viene organizando en una cooperación reticular con grupos que actúan más allá de las -casi transparentes- fronteras argentinas. A continuación, algunos fragmentos de la conversación que mantuvimos hace dos semanas, en Buenos Aires, con tres miembros de Etcétera… y de la IE: Federico Zukerfeld, Loreto Garin y Antonio O´Higgins (Checha).

Federico Zukerfeld: Todo esto parte de una especie de investigación que comenzamos con el análisis sobre cómo los medios de comunicación conforman un imaginario social, convierten a determinados sujetos sociales en un enemigo, y lo utilizan como justificación de sus avances imperiales, guerras e intereses económicos. El Errorismo surgió de alguna manera como una continuidad del proyecto Gente armada. En 2004, nosotros notábamos que ese enemigo, en la Argentina, se estaba constituyendo en la figura del piquetero. Los medios creaban un imaginario donde los piqueteros eran peligrosos, delincuentes, diferentes a nosotros, y conformaban casi una esfera social nueva, que nadie entiende bien qué es, porque tienen su propia música, su propia forma de vestir, su propia forma de hablar, sus propios códigos. Ese “enemigo” tenía que ser apartado de la sociedad, porque potencialmente podía algún día ser parte de una guerrilla. La principal acusación es que ellos iban a las manifestaciones armados y con el rostro cubierto. Si uno tomaba una imagen de los piqueteros y la ponía en contraste con la Intifada palestina, no había muchas diferencias: el mismo pañuelo, el mismo palo, la misma gomera, pero en latitudes diferentes. A partir de eso, hicimos Gente armada: fotocopias ampliadas a tamaño natural de distintas figuras que pueden reflejar personajes identificables de la ficción o de la realidad. Se llama Gente armada porque esos personajes están armados, y también porque son construidos y desarmables.

Loreto Garín: También porque son figuras sobre la gente que arman los medios de comunicación.

FZ: Cuando supimos que George Bush iba a venir a Mar del Plata, pensamos en una de las consignas que siempre se usaban en los escraches: “A donde vayan los iremos a buscar”. Es decir, que a donde fuera Bush lo íbamos a ir a buscar para denunciarlo. Nuestra idea principal era conformar una especie de imagen-espejo de Medio Oriente. Al estilo de otras acciones nuestras, la idea era aparecer vestidos como terroristas, para que la imagen se difundiera por los medios de comunicación masiva internacional, que son los mismos que construyen esta figura. Buscábamos que se filtrara esta figura como un mensaje: “ojo, que también acá están haciendo la guerra, ojo que éste puede ser el próximo punto…” Después empezamos a trabajar desde lo teatral y lo cinematográfico. “Errorismo” nació porque nosotros no podíamos hablar de terrorismo. Cuando empezamos a investigar cómo se entrenan y actúan los terroristas, uno de nuestros compañeros, Ariel, mandó por correo electrónico un mensaje titulado ¿Cómo se prepara un suicida de (no sé dónde)?. Pero le bloquearon el Hotmail y entramos en paranoia. Nos dimos cuenta de que hay una censura muy fuerte sobre el tema, porque, o parece que estás apoyando los métodos terroristas, o que condenás a la sociedad musulmana completa. Un día, cuando un compañero nuestro estaba escribiendo un texto en la compu, apretó el corrector F7 y la primera palabra que apareció marcada como incorrecta fue “errorismo”. Este compañero había querido escribir “terrorismo”. El corrector decía: “errorismo” no existe, usted quiso decir “erotismo” o “terrorismo”. De ahí surgió el nombre. Por un lado, como oposición y denuncia al estereotipo. Pero por otro, hallamos la palabra justa, que tiene su propia discusión filosófica sobre el tema del error.

Santiago García Navarro: ¿El errorismo sería una forma de desarmar esa oposición?

FZ: No estoy tan seguro. El errorismo destraba porque tiene humor, y facilita un debate que sería muy difícil darlo.

LG: El Errorismo surgió en gran parte con esta idea del error, que apareció como un azar objetivo total. Era la época en que la policía inglesa mató a un brasileño en el metro y dijo que fue por error, cuando la CIA se había llevado a un ciudadano alemán a un campo de concentración y dijo que fue por error, etc. Entonces la palabra “error” empezó a ser funcional dentro del discurso del terror. Cuando empezamos a escribir el Manifiesto Errorista vimos que, por un lado, abría la posibilidad de discutir algo que es muy difícil de discutir porque se encuentra bloqueado por completo, pero por otro, lo relativiza a tal nivel que se vuelve muy complejo el debate. A algunos amigos europeos, por ejemplo, les gustaba la idea de errorismo pero no la imagen de las luchas de liberación nacional o de la mujer musulmana tapada.

FZ: El argumento para la discusión es que al reproducir esa imagen estarías colaborando con el sistema que oprime a las mujeres, y al incluir las armas estarías avalando su uso. El símbolo del arma es tan fuerte que la gente lo ve como un arma real. Por eso les pusimos el “bang”, que es un elemento esencial del cómic. Nosotros conformamos la acción teatral con una estética del cómic, por el tipo de posiciones actorales, por los personajes, por el maquillaje, etc. La onomatopeya servía para eso. La primera declaración que hicimos fue: “Todos somos erroristas”, un juego de palabras con “todos somos terroristas”.

LG: El terrorismo se ha convertido en una forma de control a tal nivel que ya ni siquiera apunta contra los que forman parte de un determinado espacio ideológico, clase social o cultura. Y lo más complejo es que empieza a generar una lógica a nivel cotidiano.

SGN: ¿Y qué tipo de configuración social creen que se está defendiendo en nombre del ataque al terrorismo?

FZ: Cuando fue el golpe del 76 en la Argentina, lo que se instaló fue el terrorismo de Estado, que conformó una situación de paranoia permanente, en la que podías llegar a denunciar a tu vecino con la excusa de que había guerrilleros que querían hacer el comunismo. Luego se aceptó el concepto “terrorismo de Estado”. Pero cuando la dictadura hizo su defensa, dijo que cometió errores y excesos. El mismo discurso de Estados Unidos. Ahora el próximo punto es Irán, y quizás el siguiente sea Venezuela, o quién sabe dónde. Pero yo creo que esto se acerca a América Latina.

SGN: Tengo la impresión de que en la IE, el eje no está tan puesto en la discusión sobre el terrorismo global, sino en algo mucho más amplio, que es el terror del mercado. Desde la perspectiva de Argentina, ¿cuáles serían para ustedes los movimientos de poder que organizan la sociedad?

FZ: Siento que es un territorio muy frágil el de la situación y el imaginario local. La integración que hace el gobierno de Kirchner de ciertos sectores piqueteros, tiende a consolidar una idea de gobernabilidad y estabilidad. Pero a la vez aparece el fantasma de la inseguridad, y entonces el enemigo es la delincuencia juvenil, los drogadictos, el que queda bajo la línea de pobreza, el que no tiene las herramientas culturales o económicas para ingresar al status quo social y tiene que vivir de subsidios estatales, etc. Con esta gobernabilidad se produce una licuación de las tensiones sociales.

LG: Pero ahora también hay un estereotipo “positivo”, que surge de la reconformación de algo que en los 90 estaba muy presente, que es la imagen de triunfo, consumo y riqueza alentada por el neoliberalismo. El sistema económico y el poder político actual manejan un grado de censura mediática a tal nivel, que no sólo crean un estereotipo, sino que también fomentan el absoluto desconocimiento de la sociedad sobre lo que está pasando.

SGN: En Mar del Plata percibí que la gente le tenía miedo, sobre todo, al enorme aparato de seguridad, mucho más que a la hipotética amenaza de un atentado terrorista. El miedo era a que en cualquier momento se pusiera en discusión el aparato de seguridad, a que se produjera un caos ahí mismo, lo que en una mínima medida se dio con la manifestación de la tarde. La imagen más fuerte que guardo es la de decenas y decenas de policías federales apostados en fila en el primero de los tres cordones que defendían el hotel donde estaba Bush, y frente a ellos, el espectáculo de una avenida completamente vacía, sin una sola persona a la vista, sin un solo auto estacionado. Y entonces te preguntabas: “¿Y el enemigo cuál es?” Se me hizo evidente que el enemigo era en buena medida una ficción creada para facilitar el control y para mantener a la gente común apartada de los “asuntos de gobierno”.

Z: Nosotros fuimos a la marcha de la mañana, y en el medio del show actuamos disfrazados ante las cámaras. Somos artistas, así que para nosotros venía bien. Pero cuando llegamos al acto de Chávez se puso todo muy denso. Nosotros no queríamos sentirnos como un rebaño guiado. Teníamos nuestra autonomía errorista y nos fuimos. Nos preparamos para la marcha de la tarde, y eso nos trajo una discusión interna dentro del grupo de los 25 erroristas que estábamos ahí. Yo tenía la posición de que no había que ir, porque diversas fuentes nos decían que esa tarde se pudría todo, y yo pensaba que en la primera volteada podíamos caer. Durante tres horas discutimos qué hacer, y apareció esa responsabilidad nuestra como organización. El caso es que fuimos, pero sin las armas. Sólo con panfletos y pañuelos. Sin embargo, nuestra participación duró apenas cinco minutos, porque en cuanto llegamos a la marcha ya estaban los gases lacrimógenos y todos corrían. Empezaron a detener a gente y nosotros nos fuimos a buscar abogados, etc.

Al otro día, cuando faltaban cuatro horas para que terminara la Cumbre y se fuera Bush, nosotros ya habíamos hecho lo que teníamos que hacer y nos quedaba un rato libre. Entonces fuimos a la playa, y de paso filmamos una escena de la película Operación Bang: los erroristas que vienen desde el agua, los erroristas agachados, los erroristas con el bote, los erroristas en las escolleras. Teníamos un bote inflable y un Jeep verde militar. Y de repente algunos dicen: “¿Hey, ahí pasan dos helicópteros. Vamos a apuntarles”¿. Y después pasa un avión enorme, y nosotros en las escolleras apuntando. No sabíamos que era el Air Force One, donde iba Bush, y ese fue el error errorista. Dos minutos después, por todos lados, suenan las sirenas, empiezan a cerrar la playa y caen muchos policías con armas, con perros: “¿quietos, quietos, quietos, quietos, quietos”¿. Y nosotros ahí tuvimos que decir: “¿Es un error. Las armas son de cartón”¿ (porque el tipo decía: “¿tirála, tirála, tirála”¿). Y dijimos: “Somos actores, estamos filmando una película”, y les entregamos una autorización municipal que habíamos hecho nosotros pero que sirvió. Toda esa escena está filmada. Un policía dijo: “¿Algún responsable”¿. Y un compañero nuestro, el Mota, dijo: “Yo”, y se fueron los dos a negociar. Nuestro compa”¿ero le pregunta: “¿Cuál fue el error?”, y el policía le dice: “El error es que hubo cincuenta llamadas telefónicas, desde handies, desde la playa, de vecinos, diciendo que había piqueteros apuntando con armas hacia el cielo, y nosotros teníamos que venir”. Y dice nuestro compañero: “¿Pero usted nunca cometió un error?” Todo esto era conversación espontánea. Y el tipo dice: “Sí, el error que cometí fue ser policía. Yo quise ser actor pero no me dejaron”. Y ahí se completó el asunto. El tipo se estaba sintiendo parte del rodaje. Terminó armándose una discusión en la que se juntó mucha gente, con cámaras, y entonces nuestro compañero, al estilo evangelista, empezó a preguntarle una por una a la gente que estaba ahí: “¿Y usted, nunca cometió un error?” Y una mujer decía: “Yo me casé por error, querido”, y así cada uno empezó a hacer su catarsis. Después llegó el policía con la carta de autorización y dijo: “Pueden seguir tranquilos”. Y así terminó la escena. El error errorista consistió en este caso en que le apuntamos a Bush por error, por error nos vinieron a detener, y también por error nos dejaron ir, porque la carta era falsa. Y ahí dijimos: este es el corazón de la obra, esta es la clave. Y ahí nació también nuestra teoría del espect-actor y el actor-cidio.

LG: También eso fue posible porque la situación local era muy fuerte. La cumbre fue un espectáculo, con policías de varios países controlando distintas áreas. El espectáculo de Kirchner y Chávez por un lado, y por otro, la sensación de absoluto control: tanto del sector populista, que controlaba bien su rebaño de vacas marchando, como el control policial extranjero, que era muy sorprendente. Y la gente, que estaba tan enloquecida que no pudo distinguir nuestras armas de juguete de otras de verdad.

FZ: Los elementos que elegimos para la acción son: el pañuelo, que es como de Medio Oriente -sólo que dice: “bang, Erroristas”-, las armas poéticas, los panfletos en distintos idiomas -al punto que había gente que decía: “¿De dónde son? Hay gente de muchos países, que habla de formas distintas”-, la bandera, las pancartas, y el Jeep. La campaña empezó en el Obelisco, en Buenos Aires, después en la Cancillería, después en Mar del Plata, y finalmente el 20 de diciembre, otra vez en Buenos Aires. Todos estos elementos siempre fueron apareciendo, y sumábamos cada vez más gente al agite. Los elementos y los colores de la imagen eran muy pocos, y no podían ser más, porque sino no cuajaban.

SGN: ¿Y las armas poéticas a qué le disparan?

FZ: A lo primero que le disparan es al inconsciente, porque son metáforas. Una vez que entró la bala, sigue moviéndose y creo que va directo al corazón, después creo que va hacia el sexo, y después vuelve a salir, por el culo.

SGN: Muy orgánico todo. (Risas). ¿Cómo juega, en concreto, el espect-actor y el actor-cidio? La teatralización que ustedes suelen hacer, coloca a los actores en un escenario virtual, móvil, que es la calle, pero en última instancia el escenario está. ¿Cómo se desarma ese escenario para que no se componga una “obra” frente a otros que no participan directamente?

LG: Siempre la idea de Etcétera fue trabajar una especie de teatro de la catarsis. Lo importante para nosotros era generar una instancia para que lo que estaba dormido internamente en los manifestantes del escrache, pudiera salir a partir del teatro: la ira, el dolor, el temor, la histeria. Sacar aquello que queda reprimido y que en la militancia política se racionaliza. Decidimos que íbamos a representar al victimario y no a la víctima, al conflicto y no a los conflictuados. En ese momento, en el escrache poníamos en juego y en duda la relación que tenemos como militantes, como afectados directos también, ese lugar de fragilidad frente al enemigo. Nosotros representábamos al militar, al torturador, al médico que se apropiaba de los nños, como un tipo simpático, muy grotesco, muy del teatro del absurdo, y eso producía catarsis. Las Madres de Plaza de Mayo empezaban a gritar, a hablar. La idea era generar algo que la sociedad en cierta medida necesita, sobre todo porque la gente se expresa por necesidades muy controladas. De lo que nos dimos cuenta con el Errorismo fue que nosotros, como actores, tenemos la necesidad fundamental del teatro para nuestras vidas. El orgasmo no lo conseguimos yendo al museo, ni haciendo acciones gráficas, sino en el teatro.

FZ: En Kantor, tanto como en Artaud, hay esa idea de que el que se somete a un estado profundo de teatro se suicida, porque por ese tiempo es otra persona, está dando su vida por esa experiencia y desaparece. Actor-cidio es esa entrega a la experiencia performática, del modo en que un suicida se entrega a su misión, completamente convencido de lo que está haciendo, y preparado.

SGN: ¿Pero ahí no hay una idea de enajenación? Considerando que un sujeto no es una cosa estable, sino que siempre está transformándose, deviniendo, también puede tratarse de diferentes estados de ese mismo cuerpo.

FZ: Sí, pero nosotros hablamos de una operación específica. En ese momento lo necesario es construir un conjunto de personas que estén igualmente convencidas, preparadas, que todos confíen en todos, que nadie vaya a delatar al otro, y que todos sepan qué tiene que hacer exactamente frente a una situación. La experiencia del actor-cidio no es un modelo de vida, pero es efectiva para el momento de esa acción determinada.

SGN: Entonces, si hablamos de suicidio, ¿qué estaría matando uno en sí mismo cuando se entrega a la performance?

FZ: El ego.

Antonio O´Higgins: Lo que muere es eso que la persona tiene de cerrado. Se suicida porque encuentra elementos para representar lo que tiene adentro.

SGN: Ahora, si la performance fuese un momento de excepción, daría la impresión de que ese tiempo no afecta al resto de la vida. En cambio, si ese suicidio parcial, el de la represión, tiene consecuencias a posteriori de la performance, está relacionado con un momento de mucha intensidad donde hay algo que se quiebra en la estructura del yo, pero que no mata al sujeto, sino que en todo caso lo lanza a una nueva etapa.

LG: Querría marcar una diferencia primero. El espect-actor es el que se somete a la experiencia catártica y que bota lo que tiene reprimido. Se convierte en actor. Puede que en su vida cotidiana siga siendo un espectador, y que luego vuelva a ser actor. Se convierte en actor-cidio cuando toma conciencia de que esa herramienta teatral es constante.

FZ: En cada uno de los que han pasado en este último tiempo por esta actividad del Errorismo, uno ve hasta qué punto esto le llevó e escribir sus propios textos, a continuar reflexionando sobre tal o cual idea, y cómo este germen entró. Es como el amor, pienso yo. Errorismo no es un polvo de una noche, sino un compromiso. El amor errorista está libre de errores, un errorista en el amor es un ser errático, no busca la perfección, porque sabe que el amor es un continuo ir y venir. En el caso de esta experiencia poética, artística o como se la quiera llamar, lo que deja después es la misma sensación que se tiene en el amor. O quedás enganchado o te pasa de costado. Los que no son artistas empiezan a serlo, se sienten actores, se reconocen individualmente, se involucran con la idea, y son los compañeros que pasaron por la experiencia los que presionan a seguir, nos llaman y nos preguntan cuándo es la próxima.

Santiago García Navarro: Me parece que a esta altura del periplo es posible establecer una relación entre el cuerpo transformado por la performance, con efectos que pueden engendrar una nueva performance -donde performance puede ser el nombre para una cierta intensidad estético-política-, y que desde ahí rompe con la normalidad del terror y del mercado, con una vida hecha por otros, una vida que no tiene relieve, que no se diferencia. Retomando aquí la cuestión del error, creo que se abren varias líneas. Primero, me parece que hay una práctica de autonomía bien fuerte, porque vivir “errando” es generar otra forma de ser, que se entronca, incluso lingúísticamente, con las proclamas del 68. Entre el Errorismo y el amor libre, que es una de esas proclamas, hay una continuidad de matriz. Pero, ¿qué espacio hay ahora para una nueva elaboración del amor y cómo es esa nueva elaboración desde el punto de vista del Errorismo?

Federico Zukerfeld: Creo que primero es un traspaso del amor libre a la liberación del amor. Esta cuestión la asocio a la lucha contra el capitalismo, cuya primera función es mercantilizar: para convertir algo en producto, lo más intenso que vos podés hacer es dotarlo de características humanas. Esa relación es opuesta al amor, que es la desobjetivación del sujeto. En una sociedad sin capitalismo no se acabarían los celos, las aventuras, los engaños. Lo que no existiría más sería la fetichización del otro, y el deseo no se objetivaría en un bien de consumo, o en un bien de estatus (quién tenés al lado, qué representa, etc.). En esta sociedad se cree que amar al otro es comprarle cosas. Si vos no gastás, no querés. Para el Mayo francés, el amor libre apuntaba a abolir la institución familiar, ya totalmente corrompida. Hoy la familia está disuelta, se transformó en otra cosa.

Loreto Garin: Lo que nosotros hemos ido aprendiendo al formar una red con mucha gente de distintas partes del mundo, es que uno de los sostenes fundamentales no es sólo lo ideológico, sino un lazo de familia. Con Etcétera… hablamos mucho de eso, y después con el Errorismo. La gente que conformó la célula errorista en Mar del Plata llegó a un estado de amor absoluto. Amor de amistad, de enamoramiento, de sexo. En todo proyecto que uno haga -encontrarte a discutir determinadas cosas, hacer un campamento, una marcha, lo que sea- tiene que haber un espacio para una subjetividad que crea lazos reales de afecto. Uno de los motivos fundamentales por los cuales construimos este colectivo fue un motivo afectivo: de afecto con la historia de nuestros padres, de afecto con el pasado, e incluso de afecto con otros que no conocemos. Hay un aspecto de racionalización de la realidad, pero al mismo tiempo no podés generar tus vínculos políticos sin esos lazos afectivos.

FZ: Reivindicamos esta figura del amor justamente para demostrar que en realidad la lucha más grande contra el capitalismo es la lucha por el amor. Y esas son palabras del marxismo, no mías.

SGN: Una segunda línea que para mí se conecta con el error es una otra idea de militancia. Lo que veo en el Errorismo es una cierta parodia de la militancia, de la idea de que uno tiene que construir una organización que rediseñe la sociedad. Ahora, por otro lado ustedes hablan de revolución social, y ahí hay un evidente fondo marxista. ¿Cómo se relacionan ambas posiciones?

FZ: Me retrotraigo a otra acción, El ganso al poder. En 2003, para la marcha del 24 de marzo, en la época de las elecciones que ganó Kirchner, hicimos una de las cosas más arriesgadas que podíamos hacer en el campo político popular. Unas cien personas marchamos con distintas pancartas en las que aparecía un ganso: en una, el ganso era empresario, en otra, era guevarista, en otra, era del Opus Dei, en otra, un desaparecido. Y además nos robamos un pato del Planetario y lo llevamos a la marcha, dentro de un globo terráqueo. Algunos nos venían a patotear y a pegar, y la gente que nos conocía les decía: “Pará, loco, son los de Etcétera…”, y los otros contestaban: “¿Pero qué, pueden poner al Che con cara de ganso?” Y otros entendían la idea: que estábamos cuestionando la transversalidad peronista, que permite contener dentro de un mismo movimiento tendencias totalmente opuestas. Para mí, lo que ha llevado al fracaso de la política revolucionaria de los setenta en la Argentina es la confianza en ese movimiento. También cuestionábamos la figura del líder. Ironizamos la figura de Marcos también, porque lo queremos, igual que al Che. Pero no queremos matarlos.

Con el Errorismo sucedió algo parecido, pero más enfocado hacia el campo de la lucha armada. Por un lado, planteamos esta crítica a la imagen del poder, pedimos muchos líderes, muchos dirigentes, muchos Marcos, no uno. Pero, por el otro, seguimos hablando de que hay que cambiar el mundo, de que hay que construir otra sociedad. Nosotros somos bisagra de un tiempo de crisis. Después de la caída del Muro de Berlín, todo lo que había quedado de esas luchas políticas parecía viejo y sin sentido, y se lo empezó a criticar y vaciar. Nosotros siempre defendemos la existencia de los partidos políticos. Que haya muchos plantea que la sociedad está viva, que hay diferentes posiciones de pensamiento. Sí nos damos cuenta de que hay división de clases, concentración de capitales transnacionales, explotación, etc., entonces esas bases anarquistas o marxistas las retomamos y reelaboramos. Pero tenemos el derecho de reírnos de ellas también.

LG: Cuando empezamos a militar a fines de los 90, para muchos en Latinoamérica ser militante de izquierda era ser un aburrido, un estúpido, un ñoño. Para nosotros no era así: fumábamos porro, hacíamos fiestas, bailábamos tecno, y construimos muchos espacios, y estábamos unidos. Después, poco a poco, se fue abriendo el campo, y mucha gente entró, vino y se fue. Nosotros sentíamos que parte de nuestro rol era generar esa autocrítica para atraer a otros. La estrategia que hay que seguir, decíamos, es no abandonar las banderas, los panfletos, el megáfono, la figura del líder, pero las vamos a cuestionar. Y la mejor forma de cuestionarlas es utilizarlas, pero revirtiéndolas. El problema era la seriedad, la solemnidad, la monumentalidad que tenían los viejos discursos. Nosotros incluso reivindicamos el surrealismo, así que jamás podríamos generar una idea del pobre o del obrero como lo hacía el realismo socialista. Reivindicamos muchas cosas de la vieja política, para una construcción hacia delante, porque ya sabemos que hubo un fracaso.

SGN: Después de un fracaso como al que aludís, los términos “militancia” y “revolución” o se redefinen o se abandonan. En la práctica de ustedes, ni hay cuadros militantes ni están armando una revolución al estilo setentista. Hay un recurso paródico que desmonta esas figuras tradicionales. El aspecto afirmativo, ¿cómo lo podrían definir?

FZ: El sujeto militante es básico para nosotros. La base de una actitud militante es, primero, el compromiso con la causa, segundo, la solidaridad, tercero, valorar al compañero como a vos mismo, porque estás luchando por una salida colectiva, cuarto, la coherencia, quinto, pelear por un cambio a gran escala, no solamente en la micro escala. Nosotros militamos, por ejemplo, cada vez que damos una entrevista, porque intentamos involucrar a la persona con la que hablamos, para que esa persona continúe con la cadena. Antes éramos súper rígidos en la organización, siguiendo el modelo de otro contexto mundial, como era el de los 70.

LG: La primera instancia de militancia de Etcétera fue con H.I.J.O.S. Cuando nos dimos cuenta de que el agenciarnos con organizaciones sociales nos generaba, en términos de militancia artística, sofrenar ciertos aspectos de nuestro desarrollo para respetar la lógica de una organización, nos dimos cuenta también de que el campo de militancia que teníamos que tener era el de la investigación militante y artística, con nuestra propia elaboración de los puntos que nosotros pensamos que llevan hacia la liberación del ser humano. El campo que nos ha interesado como militancia -porque creemos que es un campo que está muy abandonado-, es el campo del arte, porque lo que termina ocurriendo es que la mayor parte de los militantes que adoptan una conciencia política, la militancia la hacen en terrenos culturales que están fuera del espacio elitista, hegemónico y cerrado del arte. A nosotros nos interesa ocupar esos espacios como única forma de potenciar la contracultura, de crear cultura.

SGN: ¿No es incoherente para un errorista establecer la coherencia como un valor?

FZ: Para el Errorismo no todo error es errorista. El segundo punto del manifiesto dice que el error errorista es el error en el cual el errorista es consciente de la inconciencia del errar. Y de esa manera actúa y vive. Es decir, no provocamos el error. El error está presente siempre en la realidad. Cuando hablé de coherencia, yo me refería a que uno conserva una línea, es auténtico con lo que dice, no sigue modas. La coherencia de un errorista sería tener esa conciencia de que el poema se escribe solo. Se asemeja mucho a las experiencias de Dadá, al automatismo psíquico, y es un poco zen también. La lucha del errorismo consiste en liberar a la gente de la idea de que el error es negativo, cuando en realidad es lo que va trazando el mapa de la vida. Cuando uno es errorista, es consciente de que el error está pasando en el presente, y entonces no se hace malasangre, sino que lo vive con una dinámica nueva. Un errorista coherente, cuando se le presenta una situación de error, la toma con naturalidad y la hace siempre.

SGN: Entonces el error no sería el hecho de que una cosa salga de otra manera de la que se pensaba, que haya falla. En ese punto es ir más allá de la idea de error. Es negar el error, es dejarse llevar por el devenir de la vida y operar desde ahí, y no desde un plan previo.

FZ: Exacto.

SGN: Perfecto. Entonces ahí hay una postulación que se da de patadas con la idea clásica de revolución y con la idea clásica de militante. Siendo muy coherentes con el Errorismo, ¿no sería interesante profundizar el cuestionamiento del concepto de militancia y el de revolución? Porque evidentemente ustedes no están agitando un movimiento de masas, son unos locos pelados que están en la calle. Ya es otra la idea de relación entre las personas. Probablemente lo más fuerte del concepto de revolución en sentido tradicional es que el presente se lee -se vive- desde el futuro. Por tanto, el presente es mucho más chato que el futuro por venir, que es donde nos imaginamos viviendo. Esa progresión teleológica ahora se desarma, lo quiera uno o no. Insisto entonces, ¿qué están diciendo cuando dicen “revolución”?

Antonio O´Higgins: Con respecto a las experiencias pasadas de la militancia ortodoxa, hay un discurso gastado, y nosotros generamos un carácter distinto, que hace reflexionar sobre eso. Hay reflexiones y acciones teatrales que maneja la sugestión y el misterio con una identidad nueva en términos prácticos.

FZ: No solamente es revolución la toma del poder, sino también la revolución del sujeto. Las pequeñas revoluciones de las que hemos sido parte se han dado en una microesfera. Aunque no tan pequeña, porque cada vez avanza más hacia otras partes del mundo. Esas pequeñas revoluciones, esas pequeñas catarsis, esas pequeñas invitaciones al juego, a la reflexión, a pensar, a volver a tirar esas palabras que parecían viejas, eso se da en lo micro.

AO´H: Esas pequeñas revoluciones son pequeñas acciones que van construyendo, eslabones de una revolución. Pero definir la revolución es algo muy complicado. Uno construye desde donde está plantado.

FZ: Ahora mismo estamos viviendo otra revolución, la del capitalismo. Porque el capitalismo sí cree en la revolución. En cambio, a los que luchamos se nos cuestiona. Si el sistema está haciendo la revolución tecnológica, la científica, la neoliberal, la otra revolución es por otro tipo de sociedad. Por eso es difícil conformar en pocas palabras cuál sería el programa o la idea general de una sociedad diferente, porque eso requeriría de una pluralidad gigante de voces, y de un estado participativo de la sociedad, que requiere maduración. Eso es opuesto a la idea de vanguardia, que viene con la claridad de sus objetivos. Es cuestionable, pero no voy a discriminar a los que piensan así. Si aceptamos esto, nosotros tendríamos que dar una contrarrevolución, usando esa capacidad y métodos de absorción que tiene el capitalismo. Cómo se habrá coartado la imaginación del 68 que hoy uno le puede preguntar a un joven cómo sería otra sociedad que no sea la capitalista y no se la puede imaginar. Para mí ese es el gran triunfo de la revolución capitalista: dejarnos sin imaginación de un mundo diferente, de un mundo mejor. Yo me apoyo en las ideas más primitivas del marxismo, en este caso, en que una lucha revolucionaria contra el capitalismo debería tender a eliminar las clases sociales.

SGN: Yo pondría el énfasis en el hecho de que la concepción clásica de la revolución como interrupción de la temporalidad, y la creencia en que, siguiendo determinadas estrategias, se llegaba a un punto en que habría de darse un cambio definitivo, también se han desmoronado. Y allí uno podría trazar, cuidadosamente, el paralelo entre la concepción a-historicista de la revolución comunista, y la concepción a-historicista de la revolución capitalista (el capitalismo como plenitud de la historia, etc.). En ese punto, hay una relación especular entre ambos discursos. Hoy participamos en una situación en la que es evidente que uno y otro discurso son falsos, por más que históricamente hayan tenido efecto, hayan movilizado vidas. Estamos en una situación nueva. Por lo tanto, para recuperar el término “revolución”, hay que repensarla radicalmente. Si en términos de gran escala seguís aspirando a la revolución definitiva, estás quitándole potencia a la idea de revolución como presente. En fin. Constatamos que no hay mundo humano sin poder. Pero todo esto es tema para otra charla a futuro.

Una última pregunta, relacionada con otra línea más que se abre a partir del error errorista, y que toca otra vez un aspecto lingúístico. Me refiero al hecho de que ustedes hablan de una Internacional en plena globalización, y a que, concretamente, la IE tiene dos referentes históricos importantes: la Internacional Comunista y la Internacional Situacionista. ¿Cómo funcionan estos anacronismos en el pensamiento de Etcétera…?

FZ: Obviamente el juego de palabras fue una decisión tomada. Se habla de la guerra global o la guerra internacional contra el terrorismo, es decir que ya no es un terrorismo contra Estados Unidos, sino internacional. Tiene que ver con las tres Internacionales comunistas también, claro. Es el mismo juego de palabras de El ganso al poder. Con respecto al situacionismo, es claro que la acción que hicimos tiene mucha relación, por el tipo de irrupción que produce, por la utilización de elementos filosóficos como cuestionadores directos del momento presente, también por la provocación semiótica, ese movimiento de descolocar fácilmente con un juego de palabras, como errorismo/terrorismo.

LG: A nosotros nos encanta usar las palabras viejas. Decirse “internacional” siendo parte de la movida anti-global es una posición muy cuestionadora.

SGN: Ustedes mismos hablaron de metáfora, ¿no? A diferencia de la comparación, que dice “A como B”, la metáfora dice “A es B”, o sea que la relación de identificación explota, e inmediatamente crea un afuera, que es de una movilidad permanente. Desde este punto de vista, retomar discursos, lenguajes, figuras, imágenes de los 60 y 70, es al mismo tiempo establecer una línea de continuidad y nombrar un tiempo nuevo. Una relación directa con la Internacional Situacionista aparece en la relación entre error y errar, en el sentido de errancia, porque el nomadismo, practicado en la deriva, es un elemento constitutivo de la lógica situacionista.

FZ: Sí, exacto, lo explicaste muy bien.

SGN: Bueno, ¿qué pasa ahora con la IE?

FZ: Por lo pronto, tenemos previsto este año una especie de gira de propaganda del Errorismo. Yo creo que ahora el Errorismo entra en otra etapa, se despega de la venida de Bush a Mar del Plata, se despega del estereotipo del árabe, y empieza a indagar sobre el sentido filosófico propio del Errorismo. Creo que viene una etapa de reflexión hacia adentro, con algunas salidas también. Nos vamos a abocar a sumar nuevos miembros. Y sobre todo pienso que vamos a apuntar a los países con este conflicto, como Francia, y a Europa Central, que está con este tema de las caricaturas de Mahoma. Ahí necesitan el Errorismo. También es necesario en Estados Unidos un ataque errorista. Lo que pasa es que tiene que estar muy bien planeado, porque ellos están atentos a todo.

SGN: ¿Y cómo se van a abocar a la expansión de la Internacional?

FZ: Hay que conformar bien los comités, a partir de la idea de los soviets. Ahora creo que las células que conformaron la primera etapa de la IE tienen que expandirse a distintos lados, y conformar nuevas células que estén en contacto entre sí y que puedan sostener en cuerpo esa previsión del manifiesto y de la película. Etcétera… nació con una negación, en respuesta. Salió a la acción, al ataque. El Errorismo empieza a programar, proponer y organizar algo. Es un poco la transformación que hizo Dadá hacia el Surrealismo. Por otro lado, se conformó una identidad del grupo Etcétera…, que funciona bien para el mercado, una identidad catalogable. Etcétera permanece como una parte de la dirección dentro del Errorismo, pero también tiene su canal autónomo para otro tipo de actividades.

LG: El Errorismo concretó la aspiración que siempre tuvo Etcétera… de ser un movimiento, de abrirse, de no cerrarse en un colectivo. Con Etcétera… tuvimos a mitad de año mucha discusión sobre si íbamos a seguir o no como grupo, porque sentíamos la frustración de esa idea movimentista. Después de que hicimos una gira por Europa y conocimos a gente de distintos países, nos dimos cuenta de que se estaba conformando una red, un movimiento, y que no tenía nombre. El Errorismo permitió que la gente se acercara a la acción y la tomara como propia, consiguiendo recursos, dando su tiempo.

SGN: ¿Ya hay células en otros países?

LG: Se llevaron muchas armas poéticas a Rusia, a Brasil, a Francia.

FZ: Pero células activas tenemos en Italia, en Berlín y Marsella, y creo que en Estados Unidos.

SGN: El problema de que Etcétera se transforme en el Debord de la IE es que empiece a hacer la política de exclusión: vos te portás mal y te rajo.

Todos: (Risas).

Texto publicado en Latin Art . www.latinart.com

Santiago García Navarro escribe sobre temas de arte, política y arquitectura. Fue miembro del colectivo Duplus, con el que publicó el libro El pez, la bicicleta y la máquina de escribir (Buenos Aires, Fundación Proa, 2006). Vive y trabaja entre Buenos Aires y Rio de Janeiro.

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